¿Hablamos el mismo idioma?

Una breve historia del español de Latam

Maria Pilar Mauriño

Profesorado en Lengua y Literatura 

En este artículo planteo reflexionar sobre dos creencias muy arraigadas en  aprendices de español y de lenguas segundas o extranjeras, y desarmarlas: “es mejor aprender español neutro” y “el inglés no tiene tantas diferencias regionales”. 

Se dice que el español argentino es muy diferente, particular o que cambiamos mucho las palabras y formas de pronunciar algunos fonemas. Me pregunto, ¿En relación a qué es diferente? Se cree que el idioma que se habla en Argentina se llama Castellano y que tiene un origen diferente al idioma que se habla en España, Colombia, México o Perú, ¿Es lo mismo español que castellano? ¿Por qué no hablamos peruano, argentino o mexicano?

Quienes estudiaron español como lengua extranjera en la escuela en Estados Unidos consideran que el español de Argentina es muy difícil de entender, y aquellos que lo estudiaron en Reino Unido en la Universidad pueden entender a un español de Madrid pero no a un mexicano. Esta diversidad puede causar mucha frustración en turistas, viajeros, estudiantes y personas de negocios que necesitan usar el español pero se encuentran con una variedad que les genera gran confusión. La mayoría expresa que prefiere un español neutro. Y yo me pregunto ¿Existe realmente un español neutro? ¿Es el español “neutro” el idioma de alguna persona real? ¿Existe un equivalente en cada idioma?

Algo muy curioso para mí, como profesora de español y viajera, que alguna vez fue estudiante de inglés, es que muchos angloparlantes tienen la falsa creencia de que su idioma es más fácil de aprender porque no existen tantas diferencias regionales o porque sus reglas o su gramática son más simples.

Cada vez que me encuentro con esta creencia en un estudiante o conocido, considero necesario romper con esa creencia para demostrar que las diferencias regionales en el inglés son muchas y notables, y que para los aprendices de inglés es igual de difícil que para los estudiantes de cualquier idioma. 

Las diferencias de uso dialectales y sociales  existen en todos los  idiomas, y son son correctas y valiosas, porque aportan a la diversidad lingüística y cultural. Porque el inglés estadounidense no es igual que el inglés australiano,  y porque un australiano no habla igual que un escocés y mucho menos que un sudafricano,  aunque pueda leer lo que escribe y comunicarse con él sin problemas. Porque así como existen más de doce palabras para decir popcorn* en español, hay al menos seis formas diferentes de decir baño* en inglés, y esto está bien y es sumamente interesante. Aunque cueste trabajo entender y aprender estas diferencias, debemos abrazarlas como prueba de que la humanidad sigue siendo hermosamente diversa.

Esta reflexión me lleva a responder la pregunta de si hablamos o no el mismo idioma en todos los países hispanos cuando existen tantas diferencias regionales y de cómo se llama o debería llamarse esta lengua.

En Europa el español es la lengua oficial de España, ya que es su lugar de origen. En África, Guinea Ecuatorial lo tiene como idioma oficial, y en el continente americano, desde México hasta Argentina, son veinte los países que tienen al español como lengua oficial. También en muchos países como Portugal, Brasil, Estados Unidos y  Filipinas el español es una lengua de uso extendido aunque no sea oficial.

Español o castellano son el mismo idioma con distinto nombre. El idioma que conocemos como español fue originalmente el castellano, una lengua hablada en el territorio de Castilla, región central de lo que hoy es España, país formado por diferentes reinos de la península ibérica unificados bajo el dominio de un mismo imperio  a finales del siglo XV y principios del siglo XVI. Este nuevo imperio adoptó el Español como gentilicio y nombre de su lengua oficial y la religión católica como fe oficial. Bajo este principio de “una nación, una lengua, una religión” empieza un proceso de unificación, enriquecimiento y expansión que lleva al imperio a conquistar y apropiarse territorios en diferentes islas y continentes, imponiendo su lengua e idiosincrasia. Así es que el idioma y la cultura del imperio llegan a América, África y Asia y se imponen. 

En Latinoamérica las lenguas europeas que se impusieron por medio de la colonización atravesaron un proceso de transformación que resultó en un profundo enriquecimiento de estas. Tras siglos de colonialismo, los idiomas y culturas traídas por los europeos se arraigaron en estos territorios, a la vez que fusionaron con los idiomas indígenas locales y africanos, creando nuevas variedades regionales de esos idiomas y una idiosincrasia única como resultado. Al independizarse, la mayoría de estos países adoptó el idioma europeo que ya estaba arraigado, pero en su variedad propia, y cada una de estas variedades continuó su transformación hasta llegar a distinguirse considerablemente de las entre otras, especialmente de la variedad original, pero sin perder su base lingüística. 

El idioma que hablamos hoy en Argentina es el mismo idioma que hablan en España, pero definitivamente no es el mismo que el que se hablaba en Castilla en el siglo XVI, y es evidente que en muchos aspectos no es igual para distintas regiones, edades, grupos sociales, pero sigue siendo el mismo idioma porque logramos entendernos sin usar un traductor. Por eso no lo llamamos madrileño, argentino, peruano, mexicano sino español peninsular, español rioplatense, español mexicano norteño, español del NEA, entre otros. En parte por la filiación  lingüística pero también por una vinculación cultural y política ligada a una herencia que no podemos rechazar del todo. 

Las lenguas están vivas,  evolucionan y desarrollan particularidades según diferentes factores. La influencia de lenguas vecinas, de lenguas originarias, de lenguas de herencia de migrantes y hasta de lenguas extranjeras de la música y el entretenimiento provocan constantes cambios en el vocabulario, la pronunciación, el significado y la gramática del idioma hablado en un país y región, pero también las diferencias generacionales y los procesos socioculturales abonan estos cambios. Hasta podríamos decir que cada persona individual posee su propio idioma único, en el que pueden evidenciarse muchos aspectos de su identidad: edad, género, origen geográfico, herencia cultural, nivel educativo, orientación política y mucho más. 

Y acá está la cuestión de la neutralidad de los idiomas. No me voy a cansar de repetir nunca que no existe una lengua neutra, sino que existen variedades estándar aceptadas social y/o institucionalmente en cada región y ámbito. El español neutro, al igual que cualquier otra versión neutralizada de un idioma, es un invento creado artificialmente por convención social con el  propósito específico de eliminar las marcas regionales y personales en la forma de hablar de locutores o actores de doblaje para intentar que suenen lo más genérico posible, son un fin puramente comercial. Pero incluso este acento neutro fue fabricado tomando  una variedad mexicana del español  y quitándole sus aspectos más regionales, por lo que cualquier persona fuera de México puede identificar el acento mexicano en este español que intenta ser neutro.

 Entonces queda claro que, lo que para uno suena neutro o natural es en realidad la variedad propia o más cercana de ese idioma. 

Por lo tanto, si estás aprendiendo español y te cuesta sonar “natural”  al hablar, o si sos un hablante nativo que alguna vez recibió burlas por su forma de hablar, no te avergüences ni intentes cambiar tu acento a la fuerza, porque tu forma de expresarte es tu marca personal. 

Es hora de desmantelar esas creencias que suponen que un idioma o variedad es superior o mejor a otro o que la única forma correcta de hablar es aquella que agrada a un solo sector de la sociedad. 

En el próximo artículo te voy a contar un poco sobre mí variedad del español y las particularidades de mi forma de hablar: Español correntino y español del NEA.

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